En el nombre del Pueblo, en el nombre de la Patria o en el nombre de Dios

| 10 de mayo de 2010

En una colina a 400 m del antiguo cementerio de la isla San Lorenzo, siendo las 3:46 pm del 11 de mayo de 1932, concluía un triste acontecimiento de nuestra historia republicana contemporánea con el fusilamiento de ocho marineros, pertenecientes a la tripulación de los cruceros de guerra “Coronel Bolognesi” y “Almirante Grau”.
El presente artículo no es una crónica de dichos acontecimientos, tampoco es una apología de las acciones subversivas acontecidas, ni una condena a quienes en nombre de la patria o la ley sentenciaron a esos muchachos a la pena capital, así como tampoco una crítica a la actuación de la iglesia católica durante esos lamentables hecho. En tal sentido, se obviarán nombres y cargos, sólo pretendo llamar la atención ante un hecho histórico con la intención de que sirva de reflexión, para que no se repita la historia y nos ayude a crecer como peruanos.
Durante los trabajos de investigación del Proyecto Arqueológico Isla San Lorenzo en el año 2003, en la zona del cementerio republicano ubicado en la caleta Panteón, se encontró los restos de una “lápida” parcialmente destruida, elaborada con piedras y yeso, la misma que llevaba escrita en letras pintadas de negro sobre el fondo blanco:
Mayo 11 de 1932-Mártires

“Lápida” conmemorativa, elaborada con yeso y piedras, encontrada en el antiguo cementerio republicano en la caleta Panteón

Inscripción lateral en la “lápida” conmemorativa

Se desconoce la fecha en la que se elaboró y colocó dicha lápida, así como quienes fueron sus autores. Al presente, esta "lápida" se encuentra en los depósitos del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en el distrito de Pueblo Libre.

El hecho histórico, acontecido en esa fecha, fue de conocimiento público y ampliamente narrado en las ediciones del diario El Comercio de ese año, asimismo, otros medios como la revista Variedades también presentó fotos con notas sobre este acontecimiento. Algunos años después, en 1938, el capellán que atendió a los marineros ejecutados escribió su testimonio sobre los hechos.

Comunicado oficial del gobierno peruano condenando el motín. El Comercio, edición del 8 de mayo de 1932

El Motín de Marinería, como fue denominado por la prensa, se inició la noche del sábado 7 de mayo de 1932 y fue debelado el domingo 8. La corte marcial para los detenidos se instaló el mismo domingo a las 3 pm y concluyó por la mañana del día miércoles 11 de mayo con la condena a muerte de ocho marineros, 14 sentenciados a 15 años, 12 sentenciados a 10 años y tres absueltos.


4.Base Naval de San Lorenzo, 1926


El escenario de todos los acontecimientos, desde la debelación del motín hasta la ejecución fueron las caletas Paraíso, Sanitaria y Panteón, ubicadas en el flanco de la isla San Lorenzo que mira al Callao.

En las instalaciones de la Base Naval, ubicada en la caleta Paraíso e inaugurada en setiembre de 1926 por el presidente Leguía, se realizó la corte marcial a todos los procesados. Los ocho presuntos cabecillas permanecieron hasta la espera de su sentencia en las instalaciones sanitarias, construidas durante el primer gobierno de Leguía y que sirvió como presidio político durante su segundo gobierno, en la caleta Sanitaria, ubicada aproximadamente a 3 Km al norte de la caleta Paraíso. El fusilamiento de los sentenciados a la pena capital se llevó a cabo en las inmediaciones del antiguo cementerio republicano ubicado en la caleta Panteón, contigua al sur de la caleta Sanitaria y separada de ésta por una pequeña colina.


Vista aérea oblicua de las caletas Sanitaria y Panteón

De acuerdo con la acusación fiscal, la finalidad del movimiento fue el derrocamiento del gobierno constitucional para llevar al poder al líder aprista Haya de la Torre; además según el fiscal, estos marineros durante su estadía en Panamá fueron convencidos por líderes apristas deportados en dicho país. Por lo tanto, según la lógica del fiscal, ellos eran parte de un movimiento “apro-comunista”.

El testimonio del capellán que asistió a los marineros es ilustrativo de esa situación tan patética y paradójica:

“…Los pobres muchachos, al encontrarse en mi presencia (expresaron)…Entonces, Padre, somos condenados era su primera exclamación al verme...Mi pobre amigo, había de contestarles, yo tampoco lo sévalor pues, es Ud. Cristiano, afronte su suerte con entereza, y reciba con fe y resignación los auxilios de la santa religión, de la religión de su infancia

…me adelanté hacia el Presidente del tribunal, ofreciendo mis servicios para obtener clemencia, si eso era dable. No, padre, venga, ya es hora de la justicia… Bustamante…sindicado como cabecilla del movimiento sedicioso…pronunció con fuerza las siguientes palabras: Por la Hostia sagrada que el Padre me ha dado esta mañana, juro que soy inocente…Intervine para sugerir a los pobres muchachos pensamientos de fe, de resignación, y de perdón; me agradecieron los infelices, y me abrazaron, diciéndome: Ud., Padre, es nuestro único amigo, en esta tierra…”


Marineros cabecillas del motín de marinería en el muelle de la Base Naval San Lorenzo, siendo trasladados hacia la caleta Sanitaria para esperar la sentencia de la corte marcial


Un hecho aparentemente contradictorio, entre la narración presentada por el diario El Comercio y el testimonio del padre capellán, es que según el diario en su edición del 12 de mayo afirma que los sentenciados “…No dejaron encargos…”; mientras que el capellán escribe lo siguiente, “…Antes de retirarse (los condenados) me encargaban sus últimas voluntades y me dictaban una carta para sus padres…”.

La respuesta a la contradicción entre las fuentes, es que el capellán debió guardar como secreto de confesión los encargos y las cartas dictadas por los condenados, motivo por el cual, la prensa desconoció dichos escritos.

Los marineros levantados lo hicieron en el nombre del pueblo, fueron sentenciados y condenados en el nombre de la patria y esperaron la muerte recibiendo el auxilio de la iglesia en el nombre de Dios.

El colofón de este trágico acontecimiento es que las convicciones políticas no pueden ser impuestas con violencia, los actos de rebeldía deben ser juzgados con justicia y las creencias religiosas no pueden ser alienantes.

La violencia sólo genera violencia y el perdón sincero genera la paz interior. Los hechos y errores del pasado no pueden ser cambiados, deben ser vistos de manera objetiva y sin apasionamiento. Para lograr un futuro promisorio se tiene que vivir un presente positivo y verdaderamente humano, buscando siempre el bienestar personal, familiar y comunitario.
Bibliografía.
1. Diario El Comercio, ediciones del 8 al 12 de mayo de 1932. Lima
2. Revista Variedades, edición del 14 de mayo de 1932. Lima
3. Cotte, Ernesto (1938). Veinticuatro horas en la isla San Lorenzo-Relato de un testigo presencial. Revista de la Universidad Católica, Nº 7, del 30 de junio de 1980. Lima
4. Hudtwalcker, José (2008). Las islas del Callao en los albores del siglo XX: apuntes para su historia. Revista de Marina, año 101, Nº 3. Lima.

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